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”Votaré por el ‘color sufrido’ de Obama”
LA “CARTA/MISIL” DE UN EX -MARINE QUE CONVENCIO A LOS INDECISOS


La carta, de autoría de un Mayor retirado del Cuerpo de Marines, publicada en “serie” en los principales periódicos en los EEUU, causó tal conmoción en los estados de “tradición republicana”, que inesperadamente se manifestaron a favor del demócrata Obama. Influenció de manera determinante en los sectores indecisos.

Parece que Obama y McCain están discutiendo “qué guerra pelear”. McCain dice: mantengamos las tropas en Irak hasta que “ganemos”. Obama dice: Retiremos algunas (no todas) las tropas de Irak y enviémoslas a pelear para que “ganemos” en Afganistán.

Como soy alguien que peleó en una guerra (la II Guerra Mundial) y desde entonces me opongo a ella, debo preguntar: ¿Se han vuelto locos nuestros políticos? ¿No han aprendido nada de la historia? ¿No han aprendido que nadie “gana” en una guerra, sino que cientos de miles de seres humanos mueren, casi todos civiles, muchos de ellos niños?

¿Acaso “ganamos” yendo a la guerra contra Corea? El resultado fue un punto muerto, que dejó las cosas como antes: una dictadura en Corea del Sur, otra en Corea del Norte, pero muriendo más de 2 millones de personas: le arrojamos napalm y 50 mil marines perdieron la vida.

¿“Ganamos” acaso en Vietnam? Fuimos forzados a retirarnos, pero después de que murieran 2 millones de vietnamitas. Otra vez dejamos niños sin brazos, o sin piernas o quemados, además de que fallecieron 60 mil soldados estadunidenses.

¿“Ganamos” en la primera Guerra del Golfo? En realidad, no. Sí efectivamente sacamos a Saddam de Kuwait con unos cuantos cientos de bajas estadunidenses solamente, pues matamos a decenas de miles de iraquíes en el proceso. Y las consecuencias fueron mortales: Saddam se mantuvo aún en el poder, lo cual nos llevó a poner sanciones económicas que condujeron a la muerte de otros cientos de miles de iraquíes y que plantaron el escenario de otra guerra en la que nuestras bajas ya bordean 20 mil efectivos entre muertos y heridos.

En Afganistán declaramos la “victoria” sobre los talibanes, ¡pero los talibanes están de regreso!, los ataques se incrementan y nuestras bajas allá ya exceden las de Irak. ¿Qué hace pensar a Obama que si envía más tropas a Afganistán obtendremos la “victoria”? Y si así fuera, en un sentido militar inmediato, ¿qué tanto duraría eso?

El resurgimiento de los combates en Afganistán es un buen momento para reflexionar sobre cómo comenzó nuestro involucramiento ahí. Permítanme ofrecer algunos pensamientos de sobriedad dirigidos a quienes dicen, como muchos, que “atacar Irak estuvo mal, pero atacar Afganistán estuvo bien”.
Regresemos al 11 SET. Unos secuestradores dirigen los aviones que tienen en su poder contra el Centro de Comercio Mundial y el Pentágono, y matan a 5 mil personas. Un acto terrorista, en cualquier código moral. La superpotencia está enfurecida. El presidente da la orden de invadir y bombardear Afganistán y una ola de aprobación recorre al público estadunidense encrespado de miedo y rabia. Bush anuncia su “guerra contra el terror”.

Así que una guerra contra el terrorismo suena bien. Al calor de los acontecimientos los estadunidenses no consideraron que no tenemos ni idea de cómo hacerle la guerra al terrorismo; tampoco Bush tenía idea, pese a su bravata.

Sí, aparentemente Al Qaeda –un grupo de fanáticos, relativamente pequeño pero implacable– era el responsable. Y había evidencia de que su líder, Bin Laden, tenía su base en Afganistán. Pero no sabíamos exactamente dónde. Así que invadimos y bombardeamos el país entero. Eso hizo que mucha gente se sintiera “justiciera”: “Teníamos que hacer algo”, escuchábamos decir.

Sí, teníamos que hacer algo. Pero no en la irresponsabilidad. ¿Acaso aprobaríamos que un jefe de policía, sabiendo que hay un criminal en algún sitio del barrio, ordenara bombardear todo el barrio? Pronto eso produjo una cuota de muertes de civiles en Afganistán que rebasó los 10 mil (excediendo el número de muertos el 11 de SET.)

Dos meses después de la invasión de Afganistán, un reportero del Boston Globe describió a un niño de 10 años que yacía en un hospital: “Perdió los ojos y las manos por una bomba que estalló en su casa luego de la cena dominical”. El médico que lo atendía dijo: “EEUU debe pensar que él es Osama. Si él no es Osama, ¿por qué le hacen esto?”

Deberíamos preguntarle a los candidatos presidenciales: nuestra guerra en Afganistán, que ambos aprueban, ¿pone fin al terrorismo o lo provoca? ¿Pero acaso no es, la guerra, “terrorismo” en sí misma?

Se podría asumir, por lo que he dicho arriba, que no veo diferencia entre McCain y Obama; que los veo equivalentes. Sin embargo no es así. Hay una diferencia, no lo suficientemente significativa como para darme confianza en Obama como presidente, pero suficiente como para votar por él.

Sea quien sea presidente, la ansiedad crucial por un cambio se debe a esa “tanta agitación” provocada por el abuso de poder de nuestros gobernantes que cada vez más emulan a los calígulas y a los nerones. No obstante, supongo que “el negro” Obama puede ser más sensible que McCain. Y es que su “color sufrido” lo ayuda.

Aun para los más “puros” de los radicales, debería existir un reconocimiento de las diferencias que pueden significar la vida o la muerte de miles. En Francia, durante la guerra de Argelia, la elección de De Gaulle –que no era en lo absoluto un antiimperialista, pero estaba más consciente del inevitable declinar de los imperios– fue significativa en ponerle fin a aquella prolongada y brutal ocupación.

Así que sí, votaré por Obama, porque el corrupto sistema político no meofrece otra opción, pero sólo por un momento: cuando accione el dispositivo apropiado en la casilla de votación.
Antes y después de ese momento quiero usar toda mi energía para empujarlo a que reconozca que debe desafiar a los sofistas tradicionales y a los intereses corporativos que lo rodean, y a que rinda homenaje a los millones de estadunidenses que quieren un cambio de verdad, y a la vez, realinearse con la gran humanidad “de color”.

   
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Cholos en Bagdad (II parte): El bunker radiactivo
EL SARGENTO GOMEZ APRENDE ETNONACIONALISMO EN BAGDAD

Reservista Ernesto Torres Cuadros (titu_yupanqui@hotmail.com)


Un millar de compatriotas se hallan en Irak, “exportando” la cultura chola al Medio Oriente, como carne de cañon del Imperium. De alguna manera, también, son nuestras avanzadillas en el proceso de interrelación con otro pueblo “de color” oprimido como el irakí. Continuamos con “crónicas cholas” (II parte) desde la “zona verde” de Bagdad.

La resistencia Irakí golpea en forma súbita y luego se esconde; por ejemplo un carro se detiene a 200 m. de la zona verde, salen 2 personas, arman un mortero, disparan un par de salvas, luego desarman todo y se van raudamente. Muchos guardias peruanos ya conocen el sonido de mortero y qué tienen que hacer: tirarse al suelo y esperar que pase. Este tipo de guerra ha ocasionado muchas bajas entre las tropas gringas, más de 4 mil muertos y 20 mil heridos o mutilados. Al inicio los gringos se desconcertaron, luego aplicaron en dosis idénticas la tecnología y la brutalidad más despiadada.

Gómez, ex sargento y padre de familia, optó por Irak, pues se dio cuenta que en la colonia llamada Perú, cualquier cojudez que esté firmada por una empresa yanqui vale su peso en oro y se le abren las puertas de los trabajos, sobretodo de seguridad. Complejo de inferioridad típico de las seudonaciones sudacas. Para él, el complejo existe y hay que adaptarse; para el etnonacionalista hay que destruirlo (y con ellos a toda la criollada traidora) y fundar una nación.

Gómez quería ese diploma, así que se enlistó y viajó. Si bien los peruanos no salen de la “zona verde”, sí pueden otear con binoculares lo que sucede en la ciudad. Durante un bombardeo con morteros, el servicio de escucha y espionaje yanqui, logró identificar al guerrillero refugiado en un grupo de edificios, donde la gente le es favorable.

Al inicio la infantería yanqui optaba por revisar casa por casa y siempre el resultado era nulo, o incluso con bajas. Después cambiaron de táctica: arrasar sin escrúpulos el área donde se esconde el guerrillero; esto significa que haya o no haya gente en esos edificios marcados como blanco, todo se demuele a bombazos.

Con su binocular, Gómez logró observar cómo se ocultaba el guerrillero entre los edificios, vio después cómo los helicópteros e infantería rodeaban la zona, por un megáfono un soldado advirtió que se entregara o actuarían, le daba 3 minutos. Las personas que vivian en la zona salían despavoridas, sabían lo que ocurriría. Gómez logró ver una madre que bajaba de un tercer piso con un bebe en brazos y un niño agarrado a su falda. “No llegará”, musitó; la mujer iba en el segundo piso gesticulando y llorando cuando expiró el plazo. De pronto, todo se llenó de explosiones y humo, las manos de Gómez temblaban, algo raro en un veterano herido varias veces en las “zonas de emergencia” del Perú. Cuando se disipó la nube de polvo, no quedaba nada, todo estaba demolido. Buscó a la mujer con los binoculares, inútilmente. Con el rostro pálido y los ojos desorbitados, moviendo la cabeza, no dejó de repetir: “Oh Dios, Oh Dios”.

Fue testigo de la moderna forma en que las tropas de Bush eliminan “terroristas”: Ya no más bajas por búsquedas; se utiliza el demoledor poder de fuego y la moderna tecnología sin tener en cuenta la población civil. Sin embargo, después de estos “eficientes” trabajos la resistencia ideó una nueva táctica: el martirio.
Hoy en día el guerrillero bagdadí que se sabe identificado y seguido se dirige a una zona descubierta. Morirá y es preferible hacerlo sin causar más daño a la población. Las tropas de ocupación comprenden que no pueden capturarlo pues prefiere el suicidio, así que es ultimado por lo general por las ametralladoras pesadas de los helicópteros. Es un mártir, un héroe, un soldado desconocido. Entrega la vida cumpliendo hasta el último momento con su deber. ¿Qué pudo impulsar a un hombre que vive en la pobreza, que es humillado, maltratado, castigado con la ignorancia y encima, pese a todo ello, enfrentar la máquina militar más poderosa del mundo? Desde esta trinchera los cholos que están y los que venimos de allá saludamos a estos hombres de acero, a estas voluntades inquebrantables, pues nos sirven de ejemplo y estamos seguros que su lucha será coronada por el éxito (Obama ya anunció la retirada Yanki). No será la primera vez en la historia que la voluntad resuelta e inquebrantable de la resistencia de un pueblo vence a los batallones más poderosos.

Gómez aprendió una lección histórica y heróica.