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PATRICK LYNCH: SANTO PATRÓN DEL DERROTADO CRIOLLISMO PERUANO


El 13 de Agosto de 1883, el New York Herald efectuó una entrevista al Jefe de las fuerzas de ocupación chilenas acantonadas en Lima. El nombre del periodista no quedó consignado en el reportaje publicado el 7 de Setiembre en EEUU. La entrevista se efectuó en inglés. Sépase que Patrick Lynch –jefe de la ocupación- era súbdito británico y almirante inscrito en el escalafón de la Real Armada de la Reina Victoria, a cuyo servicio se había batido en los bombardeos y bloqueos a los puertos chinos durante las guerras del opio.
Esta entrevista pone de manifiesto el cinismo británico-chileno respecto a que, prácticamente, la ocupación y saqueo del país les resultaba “antieconómica”. Asimismo, considera –Lynch- que “gracias al elemento extranjero (blanco) el Perú es viable como nación”, sin sopesar que el elemento criollo –extranjerizado hasta la médula- ya se había rendido desvergonzadamente y que la resistencia “etnocacerista” se sustentaba específicamente en el elemento cobrizo-andino.
Por último, hace referencia al traidor Miguel Iglesias, que acepta la cesión territorial de Tarapacá, Arica y Tacna, describiéndolo como “patriota y valiente”, a la vez que a los guerrilleros de la resistencia como “merodeadores y bandidos”.


¿Cuál es su opinión sobre el poder de recuperación del Perú?
La condición actual del país no es ciertamente de prosperidad, pero considerando el grado y duración de su desorganización política interna, que su capital y sus puertos han sido ocupados militarmente por más de dos años y medio, pues su comercio e industria se han sostenido admirablemente, debido al elemento extranjero en el Perú y me atrevo a decir también a lo correcta de la administración chilena.

Hay muchas contribuciones introducidas por las autoridades chilenas de las que se quejan los peruanos…
A primera vista, las fuertes contribuciones que han sido recolectadas, así como los cupos que han sido exigidos, pueden ser considerados como crueles o injustos; pero debemos tener presente que tuvieron un doble objeto: primero, obligar a los peruanos a que vuelvan en sí y que traten sobre la paz de un modo serio; y segundo, para ayudar a nuestros fuertes gastos y evitarnos la necesidad de aumentar nuestros reclamos en futuros arreglos con el Perú.

Pero, Lima cayó el 17 de enero de 1881, y hoy estamos 13 de agosto de 1883.
La triste condición financiera del Perú, el no cumplimiento de sus contratos con sus acreedores mucho antes de la guerra y su consiguiente descrédito, hacían que todo proyecto de indemnización a Chile que no fuera basado sobre cesión de territorio, no fueran sino palabras vanas. Por ende, mientras el Perú declaraba que no estipularía una cesión de territorio se cerraba la única salida para un arreglo.

¿…Y entonces?
Chile, en las condiciones que exigía, no hacía más que seguir los antecedentes de los EEUU en sus arreglos con Méjico hace 35 años y con el antecedente más reciente, el de Alemania respecto a Francia.

¿Pero el importe de lo que se saca del Perú no excede a los gastos que exige la ocupación?
Sé que se dice que el Tesoro Chileno reporta ventajas pecuniarias de la ocupación; pero esto es un error, pues si se toman en consideración todos los gastos que la ocupación impone, se verá que dicho Tesoro aumenta una pérdida con cada día de la ocupación

¿Acaso están ustedes –los chilenos- prácticamente en un callejón sin salida con la ocupación militar de Lima y buena parte del Perú?
No: al fin un valiente militar y patriota bien intencionado, el general Iglesias, se ha presentado para redimir su país. Le damos toda clase de auxilio, le damos dinero, armas; derrotamos a sus enemigos y le damos prestigio. ¿Con qué objeto? Para que se pueda vivir en paz. Hemos evacuado el Norte del Perú; hemos dado a Iglesias la valiosa Aduana de Salaverry (puerto de Trujillo) y sólo por razones de humanidad no sacamos a nuestras tropas de otros muchos lugares por que las poblaciones quedarían saqueadas sin piedad por bandidos y merodeadores peruanos, si las evacuáramos. Ahora o nunca, tiene que establecer el Perú un Gobierno moderado y honrado, y es de esperar que lo que ha sobrevenido podrá servir de lección a los peruanos para saber disciplinarse.

Hubo expoliadores en la ocupación chilena de ocupación…
Nunca he olvidado que no soy únicamente soldado chileno, sino que yo, como el enemigo, somos del mismo barro.

COMENTARIO FINAL
Esta entrevista, termina con un algido comentario del periodista norteamericano, lapidario para los chilenos:
“…En las tres campañas de Tarapacá, Tacna y Lima, ha habido un salvajismo de parte de la soldadesca chilena, que por cierto no reprimió la oficialidad, que era quizás incapaz para eso. Incluso algunos oficiales la excitaban. Después de la ocupación de Lima, el sistema de expoliaciones fue efectuado de un modo tan deliberado que se puede estigmatizar como ‘sistema chileno’. La desgracia de Chile es que no puede desmentir ese testimonio. Los hechos son evidentes para cualquier observador. Las desmoronadas murallas de Chorrillos y Miraflores, las salas vaciadas y jardines expoliados de Lima también están desvelando el rostro de Chile... podrían citarse otros muchos ejemplos de expoliación, pero los que he citado son suficientes para dar a conocer una faz de esa larga guerra que no honra a los vencedores…”

   
 

1896-1921: Un cuarto de siglo de rebeliones federalistas en la Amazonía
EL ANTISUYO SELVATICO Y LA REPUBLICA FEDERAL


“Firme y feliz por la unión” fue el lema de las monedas de a Sol emitidas hasta mediados de los 70’s. Fue la consigna republicana de un criollismo que preservó la limeña capital pizarrista de espaldas al país profundo, pero aún más a la selva. Y es que el eslogan centralista fue “El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión y el Jr. de la Unión es el Palais Concert” (A. Valdelomar). Pues bien, la reacción legítima y heroica ante este abandono de las regiones del interior, fue el FEDERALISMO. Sí: “Perú, República Federal”, que en versión serrana tuvo su zenit en la Confederación peruano-boliviana (1835-1839) cuyos estados federados fueron: el Nor-Perú, el Sur-Perú y Bolivia, bajo la hégida del mariscal Santacruz; a su vez, en versión selvática, el respectivo zenit se daría entre postrimerías del s. XIX y el primer cuarto del s. XX, mediante las “rebeliones en serie” efectuadas en Loreto por una generación de militares patriotas identificados con el mensaje cacerista de soberanía nacional. Efectivamente, entre 1896 y 1921 el Antisuyo amazónico sería teatro de operaciones de tres rebeliones federalistas en las que se llegó a proclamar el “ESTADO FEDERAL DE LORETO”, en el ámbito que hoy ocupan Loreto, Ucayali, Amazonas y San Martín, regiones pioneras en esta necesidad geopolítica e histórica para el metabolismo de nuestra patria, en donde una absurda regionalización -más burocrática que física- tan solo le ha cambiado de nombre a los departamentos por el de “regiones”, con más interés privatizador/extranjerizador (¿Quieren presupuesto?... ¡pues, privaticen hasta la letrina del Señor de Sipán!).

En el Oriente, todo intento de colonización tiene como fundamento el apoyo gubernamental y la acción de las FFAA como órgano ejecutante. Ella está encargada precisamente de la exploración, colonización y defensa de la selva. Pero no todos los oficiales destinados a prestar servicio allá iban con la moral alta y seguros de su misión. La selva estaba reservada en aquella época -en que el transporte aéreo era inexistente y las carreteras solo eran “proyectos”- para un tipo especial de oficial, que, por circunstancias varias, era el señalado para servir en el “infierno verde”, considerado “lejano mundo de castigo y olvido”, donde no pocas veces el militar resentido y abandonado a su suerte halló en la inmensidad de la selva el campo de meditación para generar utópicas ilusiones, erigiéndose en el mejor gestor de una revolución como recurso para asegurar la defensa y el cambio de lo que conceptuaba “torcido, podrido, cruel e injusto”, y de todo aquello que humillaba y detenía el progreso del abandonado Loreto.

Es así que solos o en cooperación de elementos representativos de la localidad, agitaron la bandera de un “Estado Federal de Loreto”. Baste citar unos cuantos, entre ellos el Crl. Mariano José Madueño, veterano cacerista de Huamachuco, nombrado a la sazón Cónsul del Perú en Pará, quien invocando el lema: “Loreto me llama: y acá todo está por hacerse”, implantó el 2 de mayo de 1896 el Estado Federal de Loreto, delegando el cargo de Gobernador del mismo al Coronel Ricardo Seminario, también antiguo cacerista.

Aquel insurgente Estado Federal de Loreto estaba gobernado por cuatro secretarías: Guerra y Marina, a cargo del Crl. Madueño; Hacienda, por Juan del Águila; Justicia, por Ezequiel Burga; y Gobierno, por Cecilio Hernández. Conviene aclarar que este movimiento revolucionario no desconoció al Gobierno (segundo) de Piérola, sino que exigió que sus relaciones con el Gobierno Central de Lima se realizaran de acuerdo con la situación que acababan de implantar, hasta que la República toda adoptase el sistema federal. El Estado Federal de Loreto cesó el 15 de julio de 1896, cuando las fuerzas del gobierno central se acercaban a Iquitos en el vapor “Constitución”.

Tres años más tarde, el 22 de mayo de 1899, el Crl. Emilio Vizcarra, quien había desempeñado la Prefectura de Loreto, se rebeló -a su vez- también contra el Gobierno del “Presidente limeño” López de Romaña, con propósitos federalistas; situación que duró hasta el 26 de febrero de 1900, cuando la rebelión fue totalmente sofocada.

El 5 de agosto de 1921, el Capitán Guillermo Cervantes, secundado por un grupo de oficiales de Regimiento de Colonización “Cazadores del Oriente” Nº 17 y de civiles loretanos encabezó otro movimiento patriótico-federalista, calificado por algunos de sus colaboradores como “Movimiento Pro-Patria Amazónica” cuyo objeto fue la proclamación de la “REPÚBLICA FEDERAL DE LORETO”. Asimismo, increpaba al Gobierno de Leguía: “…el abandono en que tenía sumida a la selva peruana…”. Tal movimiento fue debelado en enero de 1922.

Veamos lo que expresa en su manifiesto del 5 de agosto de 1921 el Capitán Cervantes, aquel hombre de digno comportamiento que como sargento se batiera en el combate de La Pedrera contra las fuerzas colombianas a orillas del Caquetá (1911), quien según la expresión del Ministro de Gobierno de aquel entonces, Germán Leguia y Martínez, era “un Capitán oscuro y de pésimos antecedentes contra el régimen constitucional”.

Esto es lo que entre otras cosas proclamaba el patriota Cervantes:
“...El Ecuador ocupa las cabeceras de los grandes tributarios del Marañón, teniendo sus guarniciones avanzadas a dos horas de Iquitos, ante la indiferencia de los gobiernos que jamás han hecho caso de los llamamientos que se les ha dirigido, poniéndoles de manifiesto el peligro que amenaza al país... Y nosotros, los militares, educados en la Escuela del amor a la Patria, a su integridad y soberanía, que hemos venido a estas apartadas regiones, y que por lo mismo sentimos con mayor intensidad los impulsos del patriotismo, hemos estado trabajando incansablemente para que nuestras guarniciones de frontera sean un centro de futuras poblaciones como base para nuestra soberanía en toda la región, ya que el derecho de posesión, aparte del legitimo que nos da los tratados internacionales vigentes, es el indiscutible título que podremos oponer más tarde a nuestros ambiciosos vecinos. Y el Gobierno de todas las épocas, esta labor patriótica y desinteresada la ha mirado con indiferencia, entrando en acomodos diplomáticos que no dejan de indignar...”