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Convicción ideológica y praxis insurgente se traducirá en poder popular
EL GENERAL OMAR TORRIJOS: UN SOLDADO DE INDOAMÉRICA

NACIONALISMO REVOLUCIONARIO
La dignidad es, para el Etnocacerismo, mucho más que una cualidad moral. Es un arma de liberación. Y, además, un criterio político. Es cierto que “a la Patria no se le pone condiciones”, pero, por otra parte, “ninguna causa justa nos exigirá jamás que sacrifiquemos nuestra dignidad”. Podemos estar dispuestos a todo, por una causa justa, como la de la Patria. Pero si una causa nos pide el sacrificio de nuestra dignidad, es absolutamente seguro que ésa no es una causa justa, que ésa no es la voz de la Patria.

Hoy que está en su clímax la “teoría de la sobreabundancia” publicitada, bombardeada y puesta en marcha sistemáticamente por la traidora derecha peruana, la que fundamentalmente consiste en plantear que “sólo cuando a los ricos les sobre habrá algo para los pobres”. O “teoría del derrame”: la única comida que puede tener el pobre, es la que se derrama de la mesa de una transnacional. “Teoría del Empleo”: para que haya más empleos para los cholos baratos, y en consecuencia que los pobres sean menos pobres, que deben haber más fábricas de hampones (a) “inversionistas”, y consiguientemente que los ricos sean más ricos. Se la puede llamar “Teoría Cínica del Hijo de la Gran Puta”.

Una de las formas de respuesta ante la misma criollada de siempre que consiste en afirmar que para que no le vaya muy mal a los pobres tiene que irles requetebién a los ricos, proviene pues de las filas castrenses, al estilo venezolano o la versión peruana del Etnocacerismo. De ahí la necesidad de rescatar a figuras y personalidades como Omar Torrijos.

Se puede ser un gran hombre sin ser un gran estadista. Pero no se puede ser un gran estadista sin ser un gran hombre. No se puede ser nada bueno, si antes no se es bueno. Y Torrijos fue un gran estadista. Y un gran hombre. Es decir, un hombre bueno. Encaramados sobre los hombros de Torrijos, podremos ver más lejos que Torrijos. El mismo que pensaba y hablaba desde el pueblo, no para el pueblo. Con el resultado de que el pueblo lo entendía bien, pues era su propio lenguaje. Realmente tenía extracción popular, campesina. Sus padres fueron maestros rurales. Pero la verdad es que su acento y su lenguaje, bien campesinos ambos, eran en buena parte más cultivados que heredados; más cultura que naturaleza.

Desde el principio había dicho el General Torrijos: “Con la izquierda y con la derecha”. Y parece que algún asesor le cambió la frase a “Ni con la izquierda ni con la derecha”, pensamiento éste mucho más cerca del espíritu pusilánime de “ni chicha ni limonada”, pero bien lejos de la concepción del General según la cual, como lo dijo él mismo: “En política no se puede estar ‘ligeramente encinta’. O se está o no se está”.

Por si no bastaran las razones morales, históricas y científicas, tenemos también las estéticas. Aunque solamente fuese por razones de elegancia, habría que ser, por entonces, de izquierda, puesto que en aquellos 70’s el etnicismo político aún estaba en pañales, en medio de la guerra fria capitalista/comunista.

CÓMO ERA EL GENERAL
En una reunión comenzó así: Yo sé que a ustedes se les enseña a obedecer al rango superior. Pero distingan entre “rango” y “jerarquía”. Y a continuación pasó a poner ejemplos que ilustraban lo que quería comunicar:
-El rango se da por decreto. La jerarquía se conquista con actos ejemplares.
-Tiene rango quien dice “Vayan”. Tiene jerarquía quien dice “Síganme”.
-La razón tiene rango. La necesidad tiene jerarquía.
-Los estudiantes, los obreros, los campesinos, los niños… son las jerarquías a cuyas órdenes ustedes deben ponerse.

El correlato práctico viene aquí: Pasando por un pueblo del interior del país, un niño desarrapado y sin camisa lo reconoció y se le cuadró saludándolo militarmente. Ni jugando ni en serio. A la edad de ese niño, unos ocho años a lo sumo, no se puede hacer esa distinción. Pero el General le respondió el saludo en serio. No había la menor duda de que estaba respondiéndole el saludo a un superior.

Una característica saltante del General era el de ser ‘chiquillero’. A continuación una experiencia graciosa. En un campamento de pioneros, en Cuba, el General ve a una niñita muy linda como de unos cinco años, no más. Se agacha y la levanta hablándole en chiquito: “¿Y qué cocha es esta niña tan linda y tan pechocha?”. Y la niña le respondió, con una pronunciación perfecta y filosa como navaja: “marxista-leninista”. El General la volvió a poner en el suelo, con mucho cuidado, como quien está agarrando un explosivo, y siguió su camino.

Cuentan que una vez un ministro, Materno Vázquez, purista del lenguaje, se quejó de que el General andaba diciendo que iba a “telefonizar” el país. “Esa palabra no existe”, dijo el Ministro. Y se lo dijeron al General. Entonces el General mandó a imprimir, en la portada del directorio telefónico del INTEL, Instituto Nacional de Comunicaciones, la frase: “El INTEL, telefonizando el país”. Y dijo: “Díganle a Materno que ahora sí existe”.

Y la verdad es que hizo algunas palabras muy buenas, como aquella de “cocacolizado”, para referirse a los alienados por el imperialismo.

“UYUYUY”
Torrijos estaba convencido que el imperialismo no solamente no puede contar con la historia, sino que puede contar con que la va a tener en su contra. Que son enemigos de la historia. Que no tienen razón. Ergo: Torrijos tenía que ser dogmáticamente antiimperialista. Porque por dogma se entiende una cosa que no se discute. Y Torrijos nunca discutió la maldad del imperio. Incluso tenía algo de religioso. Justamente como “religión de América” llamó Torrijos a su lucha por la soberanía contra el imperialismo yanqui, y en consecuencia “santas” las guerras de liberación.

Nuevamente una anécdota “antiimperialista”, registrado por José de Jesús Martínez: “En otra ocasión, en la que las relaciones entre los EEUU y Panamá estaban tensas, el ejército norteamericano decide hacer unas maniobras militares en la Zona del Canal con el obvio propósito de siempre: amedrentar. Se llamaban “Operación Furia Negra”, o algo así. Entonces Torrijos responde también con unas maniobras militares, del otro lado de la cerca, y que se llamaban, literalmente, “Operación ¡uy, uy, uy, qué miedo!”.

EL PODER NO SE DA, SE TOMA
Lo medular de Torrijos es su planteamiento que la revolución se hace con el ejército, sin el ejército o contra el ejército, y su obvia toma de posición de militar revolucionario.

Primero, la posibilidad de hacer la revolución con el concurso del ejército; el proyecto del “modelo peruano” de Velasco Alvarado, el que lo fue también de Torrijos. El caso sólido de muchos países europeos, donde se impuso a punta de bayoneta, sin duda es la forma de menor costo social posible. Es una de las “verdades agradables” que aparece en ‘Soy un Soldado de América Latina’ (texto de Omar Torrijos): “Muchos, y son muchos más de los que ustedes piensan, soldados, sargentos, tenientes, hombres que viven en la misma miseria en la que vive el pueblo, se están dando rápidamente cuenta de que la dirección de fuego y de ataque de sus fusiles debe ser apuntada hacia los que esclavizan y no hacia los esclavizados.

Segundo, la posibilidad de una revolución sin el ejército, ni a favor ni en contra, es una cuestión meramente de simetría lógica, no tiene que ver nada con la realidad. Pensar o decir que las FFAA pueden mantenerse al margen de las luchas sociales, o ser “apolíticas”, como tradicional y cínicamente se las considera en América Latina, por ejemplo en el Chile de Salvador Allende, es una mentira que propagan los regímenes explotadores que precisamente se apoyan políticamente en esas mismas FFAA. En el mejor de los casos es una posición, aparentemente ingenua pero a la postre cómplice.

Tercero, sin embargo, Torrijos sabía que hace r la revolución contra el ejército estaba en función “al costo social que el pueblo estaba dispuesto a pagar”. En ese mismo documento dice: “Cuando un pueblo se decide a conseguir su liberación como remedio para sus males, no hay componente de fuerza que la pueda impedir. La liberación sólo la determina el costo social que el pueblo esté dispuesto a pagar por ella”.

TORRIJOS Y TORRIJISMO
Torrijos fue una política exterior independiente. El restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba. Torrijos fue una política exterior no alineada, pero de hecho, no sólo de palabra. Y en los foros internacionales, Torrijos fue la defensa del derecho de Bolivia al mar, la condena moral y material al apartheid.

Torrijos fue la militancia contra el fascismo y contra la Doctrina de Seguridad Nacional de los Estados Unidos. Torrijos fue la identificación con todos los pueblos que luchan por su liberación. Torrijos es un gruñido al imperialismo.
Torrijos fue la Reforma Educativa, donde el trabajo se une con el estudio, para que aquél no “embrutezca” ni éste “deforme”, para que el hombre del futuro piense con las manos, y haga cosas con la cabeza.

Torrijos fue una redefinición de las Fuerzas Armadas, en términos de pueblo y de dignidad.

   
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Justo Jara Ugarte: veterano patriota que “golpeó” a dos presidentes traidores
TECNICA DEL GOLPE ESTADO... 40 AÑOS DESPUÉS DEL DERROCAMIENTO DE BELAUNDE


Nuestro gran amigo y colaborador, el politólogo PEDRO SALDAÑA LUDEÑA nos tiene acostumbrados a publicaciones siempre polémicas. Su última producción, “EL DERROCAMIENTO DE BELAUNDE: CUARENTA AÑOS DESPUES”, la consideramos de lectura obligatoria y de muy vigente actualidad. La objetividad del libro es destacable y más aún su imparcialidad, por haber sido -Pedro- Secretario de Juventudes de Acción Popular y llegado a disputar, en los 80´s, la Secretaria General de AP con Raúl Diez Canseco Terry. Asimismo, cabe resaltar la nobleza del autor en su enfoque ante la obra velasquista y el cabal reconocimiento de la historicidad de aquel proceso.
Dentro de los anexos de la obra destaca la entrevista al Coronel(r) Justo Jara Ugarte, quien siendo Mayor tuvo la misión -dentro del Comando Golpista que ingresó a Palacio en la madrugada del 3 de Octubre de 1968- de apresar al Presidente de la República que traicionó al país. No está demás agregar que justo Jara mucho antes, en 1962, también había sido “operativo” en el golpe contra otro presidente criollo y traidor: Manuel Prado. Es decir, tenemos en el Coronel a un experimentado y valiente “conocedor” de palacio y dolor de cabeza de mandatarios demagogos.
Es necesario mencionarlo: el Crl. Jara es el padre del héroe del Cenepa, muerto en acción de armas, capitán Marco Jara Schenone.
A continuación la entrevista concedida por el veterano al periodista Pedro Saldaña, de la Asoc. Civil Legitimidad Democrática (ALD).


- Coronel, usted integró el equipo encargado de capturar al Presidente Fernando Belaunde, la madrugada del 3 de octubre de 1968; en esos momentos tenía el grado de mayor, y dicho equipo fue liderado por el entonces Coronel Enrique Gallegos Venero. Al cabo de 40 años de aquella captura: ¿Qué recuerdos rondan en su memoria sobre aquel “operativo”?
- ¿Qué recuerdo? La noche que entramos a Palacio, Belaúnde inmediatamente trató de comunicarse con el ministro de Guerra, aunque también nos dijo que ya había hablado con Dianderas y que lo que hacíamos no procedía. A su vez trató de hacer valer su autoridad presidencial. Pero nosotros ya sabíamos que lo que hacíamos era decisión institucional del Comando.

- ¿Se siente orgulloso de haber integrado ese grupo?
- Sí.

- Cuando este grupo liderado por Gallegos iba en busca de Belaúnde, ¿qué conversación tuvieron durante el trayecto?
- Estudiábamos las circunstancias que a última hora podían presentarse, y coordinábamos con Hoyos Rubio, que fue el jefe de la toma de Palacio de Gobierno en forma general.

- Sé perfectamente que cuando logran ubicar al Presidente en la Residencia Presidencial, se suscitó un dramático diálogo entre Belaúnde y Gallegos, pero dígame: ¿Es cierto que tenían órdenes tajantes de Velasco, de que bajo cualquier circunstancia Belaúnde debía salir ileso de aquella captura?
- Sí. Eso quería subrayarle hace un momento.

- Y durante el trayecto de Palacio de Gobierno hacia la División Blindada, ya con Belaúnde “reducido”, ¿cuál fue el diálogo que sostuvieron con él?
- No hubo ningún dialogo. Solo una breve discusión en la que Belaúnde nos trataba de traidores, pero en un momento yo le dije alzando la voz: “El traidor es usted, porque usted entregó el petróleo a la IPC”.

- ¿Pero, también los destituyó ¡a todos!, por lo menos verbalmente?
- Sí, pero nosotros cumplíamos ordenes de nuestro Comando. Somos soldados.

- Sí, pero según la Constitución él era el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas.
- Eso es muy teórico. Pero, de todas maneras, estábamos en el Perú y no en los Estados Unidos.

- Una curiosidad, ¿este equipo que capturó al Presidente se solía congregar cada 3 de Octubre para celebrar el éxito de esta “histórica” misión?
- Esporádicamente. Porque las ceremonias pertenecían al Ejercito y al Gobierno.

- ¿Qué sintió en los instantes en que Belaúnde volvió a ceñirse la banda presidencial por segunda vez, el 28 de julio de 1980?
- Decepción. Pero considerábamos que los cambios realizados por la Revolución, eran ya inmutables.

- ¿Cuál fue el destino de los oficiales que participaron en aquella osada operación militar?
- Ormachea se retiró de la carrera, Gonzalo de la Rocha llegó a General y fue Edecán de Morales Bermúdez. Yo llegue a coronel y fui Jefe de la División Blindada. Bueno, y así por el estilo.

- ¿La segunda administración de Belaúnde, ¿tomó algún tipo de represalia contra este equipo de captura?
- Yo creo que no. Belaínde era un hombre sin rencor. Pero, cuando fui propuesto por la Comandancia General del Ejército como cónsul en Antofagasta y aún ya nombrado por Relaciones Exteriores en 1981, poco después al repararse en mis antecedentes políticos, me relevaron del cargo. Después fui propuesto como Prefecto para Ayacucho, por el Jefe Político Militar de dicha zona de emergencia, el general Huamán, pero cuando ya estaba todo aprobado, incluso por el Ministro del Interior, de Palacio me bajaron el dedo.

- Bueno, supongo que ya estaba preparado para una situación de esa naturaleza.
- Sí.

- ¿Le reconoce algún merito a Belaúnde?
- Su verbo y posición política me impresionaron favorablemente Pero, decepcionó al país. Le comentaré también que fui compañero de colegio de su Secretario, General Gastón Acurio.

- ¿Alguna vez se cruzó con él, ya después de todo lo que pasó?
- Sí, durante una ceremonia en homenaje de mi fallecido hijo, Héroe del Cenepa, el capitán Marko Jara Schenone. Tengo dos hijos más que son oficiales de la Marina, uno de ellos fue espada de honor de su promoción al graduarse de oficial y la única mujer que tengo es abogada. Ellos de alguna manera consuelan mi dolor por la pérdida de Marko, que murió en acción de guerra defendiendo a su patria.

- Tengo entendido que usted fue también Edecán de Velasco. ¿Qué recuerdos tiene de él y su Gobierno?
- Su Gobierno fue muy positivo, sirvió para reducir las brechas sociales y económicas. El cambio fue más en el aspecto social. El fue un verdadero lider nacionalista y antiimperialista. Todos los años visito su tumba el día de su cumpleaños, es lo mínimo que debo hacer como un homenaje a su memoria.

- ¿Quisiera agregar algo más?
- Recordarle a todos los peruanos, que lo que sucedió fueron circunstancias de esa época. La democracia es buena, siempre y cuando llegue a todos en lo político, económico y social.

- Coronel, muchas gracias por su valioso tiempo, y por la amabilidad de haberme permitido ingresar a su hogar.
- Gracias a ti, Pedro.

Nota: Es importante relatar que el coronel Justo Jara Ugarte, siendo ya capitán, integró también el equipo liderado por el coronel Gonzalo Briceño Zevallos que capturó al Presidente Manuel Prado la noche del 18 de julio de 1962, cuando éste fue depuesto por el General Ricardo Pérez Godoy.