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Bolivia: Fundamentalismo se combate con Fundamentalismo “…Este indio se va a quedar por mucho tiempo aquí para animar a la población a que luche por el cambio revolucionario, no por su persona y si no se puede vencer, hay que morir en el intento…” (Evo Morales- Cochabamba, 13 SET 2008).
CRUZADOS REACCIONARIOS Es obvio que en su fundamentalismo e intolerancia eurocentrista, esos “cruzados” están incapacitados para entender que en ambos casos –el Kollasuyo/Antisuyo y Jerusalén /Medio Oriente- los invasores son ellos. Ergo: las luchas de Solimán y Evo tienen el común denominador de la LIBERACIÓN ETNONACIONAL POPULAR. Por su parte, el activismo etnonacionalista (y no las izquierdas eurocentristas), ante la treintena de campesinos asesinados en el departamento amazónico de Beni por paramilitares vinculados al prefecto opositor Leopoldo Fernández (merecidamente preso), ha respondido con el bloqueo campesino a las capitales departamentales “autonomistas”, particularmente sobre Santa Cruz, Cobija y Tarija. De esta manera, a los “cruzados criollos” se les vienen oponiendo los “ponchos rojos” kechuaymaras. Como no podía ser de otro modo, fue el mismo jefe del Comando Conjunto de las FFAA bolivianas –Luis Trigo- aunque “rechazando soberanamente” la declaración chavista, no obstante, puesto en evidencia, tuvo que hacer (también) pública su “reglamentaria” lealtad al Estado y por ende a la máxima autoridad presidencial. Fueron, pues, efectivos militares (y no policiales) los que detuvieron al prefecto asesino. Sin embargo, en un cuasi desborde popular de defensa de la revolución, las masas de La Paz, Oruro y Potosí, no han cesado de exigir la defenestración “de todos los generales traidores” y que una vez se reactiven las milicias reservistas o se armen a los radicales ponchos rojos. “…También Pinochet juramentaba lealtad, hasta la víspera misma del traicionero golpe a Allende…”, no cesan de hacer recordar los del ala dura del MAS, cada vez más cercanos a las posiciones del fundamentalista aymara Felipe Quispe. Fundamentalismos se combaten con fundamentalismos, parece ser la receta. Asimismo, el resurgir de Rusia en el ajedrez internacional compitiendo de igual a igual con la soberbia norteamericana, tal como ha quedado saldado en la reciente invasión a Georgia, se muestra como otro factor externo apuntalador del “Eje del Mal” Latinoamericano: Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua… Las anunciadas maniobras conjuntas en el Caribe, por parte de una flota combinada ruso-venezolana, el restablecimiento de la “ayuda militar-comercial” de Moscú a La Habana, los tanteos con Nicaragua, las simpatías de Honduras, Brasil, Argentina y Ecuador… y –por último- el reciente acuerdo de colaboración militar entre las FFAA rusas y bolivianas, plantean para La Casa Blanca un serio dolor de cabeza. Agréguese la posición asumida por la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) de “hábil imparcialidad”, que para una mentalidad tan fanática como la de los republicanos norteamericanos, constituye prácticamente una “solidaridad maligna”, lo peor: el Departamento de Estado Norteamericano está atado de pies y manos por encontrarse ad portas a las elecciones presidenciales del 4 de Noviembre, con una popularidad bushoniana en caída libre. Y lo mejor para la revolución boliviana. El 68% de aprobación popular de Evo Morales, “el más popular de todo el continente”. Más legitimidad, imposible. Pero… “también nosotros somos populares”, proclaman los prefectos opositores ratificados (aunque con menor margen) en el mismo referéndum. Se explica, entonces, la encrucijada tan crítica por la que atraviesa dicho pueblo en su afán de romper con un apartheid etnocultural y político- económico de siglos. ¿GUERRA CIVIL? Asimismo, en el campo geopolítico, al propugnar la secesión, incluso con la pretensión abierta de organizar –cada región- sus respectivas “fuerzas de seguridad” (entiéndase FFAA y FFPP), pues el objetivo es explícito: la balkanización en función al interés de las transnacionales mineras, gasíferas y petroleras, particularmente acantonadas en la Amazonía y el Chaco, o sea en Santa Cruz, Tarija y Pando. Toda esta situación ha determinado que observadores internacionales en representación de la UNASUR, la OEA y la Unión Europea, estén prácticamente arbitrando en una “Mesa de Diálogo” entre LAS PARTES: Gobierno Central y prefecturas autonomistas. Grave concesión de Morales, puesto que ahora Bolivia es considerada un país “intervenido”. Sólo faltarían los cascos azules de la ONU, menguándose y reconociéndose, así, la debilidad del Gobierno Popular. Lo dramático es que definitivamente el generalato y almirantazgo boliviano son serios escollos para el cambio revolucionario. No esta pues, garantizada la lealtad del aparato armado. Ya se piensa en una razzia castrense y también en la reacción que provocaría: basta que un general con mando de tropa apele al apoyo de las regiones opositoras –como por ejemplo Santacruz- y ¡Zazzzz! GUERRA CIVIL. Al último, como concuerdan cada vez más analistas, el fiel de la balanza entre revolución y contrarrevolución será el fusil… ya sea del Ejército Criollo o de la Milicia Popular. |