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Bolivia: Fundamentalismo se combate con Fundamentalismo
LA HORA DE LOS “PONCHOS ROJOS” RESERVISTAS


“…Este indio se va a quedar por mucho tiempo aquí para animar a la población a que luche por el cambio revolucionario, no por su persona y si no se puede vencer, hay que morir en el intento…” (Evo Morales- Cochabamba, 13 SET 2008).

CRUZADOS REACCIONARIOS
A medida que la convulsión social boliviana se va descascarando hasta el meollo mismo de la pugna étnica, los analistas van destacando el “detalle” de la cruz inscrita en los escudos verdes utilizados por las fuerzas de choque pro-neoliberales del Comité Cívico de Santa Cruz, presidido por el inmigrante serbio, Branco Marinkovic, quien al igual que toda la reacción criolla y pro-extranjera, proclama la “cruzada occidental y cristiana contra la barbarie indígena Kechuaymara”. Contiene, pues, “cierta coherencia” que esos paramilitares secesionistas “guerreen” contra el indio Morales, aduciendo emular a los cruzados europeos del s. XII guerreando contra el árabe Solimán.

Es obvio que en su fundamentalismo e intolerancia eurocentrista, esos “cruzados” están incapacitados para entender que en ambos casos –el Kollasuyo/Antisuyo y Jerusalén /Medio Oriente- los invasores son ellos. Ergo: las luchas de Solimán y Evo tienen el común denominador de la LIBERACIÓN ETNONACIONAL POPULAR.

Por su parte, el activismo etnonacionalista (y no las izquierdas eurocentristas), ante la treintena de campesinos asesinados en el departamento amazónico de Beni por paramilitares vinculados al prefecto opositor Leopoldo Fernández (merecidamente preso), ha respondido con el bloqueo campesino a las capitales departamentales “autonomistas”, particularmente sobre Santa Cruz, Cobija y Tarija. De esta manera, a los “cruzados criollos” se les vienen oponiendo los “ponchos rojos” kechuaymaras.

“TAMBIÉN PINOCHET JURAMENTABA...”
¿Y las FFAA? Pues en actitud dudosa. Tanta, que para muchos ha sido oportunísima la advertencia de Hugo Chávez:
“…los generales bolivianos están de `huelga de brazos caídos´, permitiendo así la ola de violencia. Hay un golpe de Estado en marcha. Están tumbando a Evo en nuestras propias narices y eso generará un impacto terrible, una catástrofe en Sudamérica. No reconoceremos ningún otro gobierno, ni aceptaremos planes secesionistas ni nada por el estilo, ni generales gorilas ni nada por el estilo. Y si Evo Morales es derrocado o muerto, me estarían dando luz verde para apoyar cualquier movimiento armado en Bolivia…”.

Como no podía ser de otro modo, fue el mismo jefe del Comando Conjunto de las FFAA bolivianas –Luis Trigo- aunque “rechazando soberanamente” la declaración chavista, no obstante, puesto en evidencia, tuvo que hacer (también) pública su “reglamentaria” lealtad al Estado y por ende a la máxima autoridad presidencial. Fueron, pues, efectivos militares (y no policiales) los que detuvieron al prefecto asesino. Sin embargo, en un cuasi desborde popular de defensa de la revolución, las masas de La Paz, Oruro y Potosí, no han cesado de exigir la defenestración “de todos los generales traidores” y que una vez se reactiven las milicias reservistas o se armen a los radicales ponchos rojos.

“…También Pinochet juramentaba lealtad, hasta la víspera misma del traicionero golpe a Allende…”, no cesan de hacer recordar los del ala dura del MAS, cada vez más cercanos a las posiciones del fundamentalista aymara Felipe Quispe. Fundamentalismos se combaten con fundamentalismos, parece ser la receta.

FACTORES EXTERNOS
En la crisis boliviana, algo que sÍ ha quedado evidenciado a saciedad es el rol de la Venezuela bolivariana como nuevo ariete del discurso y praxis contestataria ante el globoimperialismo de la Casa Blanca sobre sus cada vez menos patio trasero. La expulsión en simultáneo de los embajadores yankis de La Paz y Caracas, ante la cautela cubana, da a entender que el epicentro revolucionario se acaba de trasladar de una isla del caribe a tierra firme continental.

Asimismo, el resurgir de Rusia en el ajedrez internacional compitiendo de igual a igual con la soberbia norteamericana, tal como ha quedado saldado en la reciente invasión a Georgia, se muestra como otro factor externo apuntalador del “Eje del Mal” Latinoamericano: Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua…

Las anunciadas maniobras conjuntas en el Caribe, por parte de una flota combinada ruso-venezolana, el restablecimiento de la “ayuda militar-comercial” de Moscú a La Habana, los tanteos con Nicaragua, las simpatías de Honduras, Brasil, Argentina y Ecuador… y –por último- el reciente acuerdo de colaboración militar entre las FFAA rusas y bolivianas, plantean para La Casa Blanca un serio dolor de cabeza. Agréguese la posición asumida por la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) de “hábil imparcialidad”, que para una mentalidad tan fanática como la de los republicanos norteamericanos, constituye prácticamente una “solidaridad maligna”, lo peor: el Departamento de Estado Norteamericano está atado de pies y manos por encontrarse ad portas a las elecciones presidenciales del 4 de Noviembre, con una popularidad bushoniana en caída libre.

Y lo mejor para la revolución boliviana. El 68% de aprobación popular de Evo Morales, “el más popular de todo el continente”. Más legitimidad, imposible.

Pero… “también nosotros somos populares”, proclaman los prefectos opositores ratificados (aunque con menor margen) en el mismo referéndum. Se explica, entonces, la encrucijada tan crítica por la que atraviesa dicho pueblo en su afán de romper con un apartheid etnocultural y político- económico de siglos.

CHOQUE DE CIVILIZACIONES
De ahí el afán secesionista, camuflado bajo el logo “autonomista” de los departamentos donde precisamente el globoneoliberalismo libre saqueador y, por ende, pro-extranjero, pretenden arrancar del gobierno central etnosocialista. Chocan, pues, la nueva Constitución que desbarata los privilegios de las élites blancas Vs. los estatutos oligárquicos de ciertas regiones que se aferran en mantenerlos, aunque sea locamente, sin interesarles la potencial desmembración y, por ende, el fin de Bolivia en cuanto nación.

¿GUERRA CIVIL?
Dentro del plano netamente económico, las prefecturas autonomistas exigen el cumplimiento de 2 puntos básicos:
1-. Extirpación de todo escollo antineoliberal (por ende pro-etnonacionalista) de la Constitución evista.
2-. Devolución de los “fondos energéticos” descontados a las regiones por el gobierno central (que lo destinó al “bono para los ancianos”).

Asimismo, en el campo geopolítico, al propugnar la secesión, incluso con la pretensión abierta de organizar –cada región- sus respectivas “fuerzas de seguridad” (entiéndase FFAA y FFPP), pues el objetivo es explícito: la balkanización en función al interés de las transnacionales mineras, gasíferas y petroleras, particularmente acantonadas en la Amazonía y el Chaco, o sea en Santa Cruz, Tarija y Pando.

Toda esta situación ha determinado que observadores internacionales en representación de la UNASUR, la OEA y la Unión Europea, estén prácticamente arbitrando en una “Mesa de Diálogo” entre LAS PARTES: Gobierno Central y prefecturas autonomistas. Grave concesión de Morales, puesto que ahora Bolivia es considerada un país “intervenido”. Sólo faltarían los cascos azules de la ONU, menguándose y reconociéndose, así, la debilidad del Gobierno Popular.

Lo dramático es que definitivamente el generalato y almirantazgo boliviano son serios escollos para el cambio revolucionario. No esta pues, garantizada la lealtad del aparato armado. Ya se piensa en una razzia castrense y también en la reacción que provocaría: basta que un general con mando de tropa apele al apoyo de las regiones opositoras –como por ejemplo Santacruz- y ¡Zazzzz! GUERRA CIVIL.

Al último, como concuerdan cada vez más analistas, el fiel de la balanza entre revolución y contrarrevolución será el fusil… ya sea del Ejército Criollo o de la Milicia Popular.