Hasta en los patronímicos regionales el quintacolumnismo prochileno impera en la republiqueta criolla
“HUAYLAS” DEBIERA SER EL NOMBRE DE “ANCASH”…


El colapso de la Confederación Peruano-Boliviana se plasmó finalmente en la batalla de Yungay (1839), que serviría de fecha inaugural de la chilenización del Perú (año en que se funda, por ejemplo, “El Comercio”, con capital y director chilenos), y de lo que la hecatombe de1879 sería una consecuencia. Inauditamente, aquel acontecimiento tan adverso al genuino interés nacional (la batalla de Yungay, efectuada a orillas del río Ancash) sería conmemorado con el bautizo por DS de una región con compromiso de reivindicación .

DECRETO CHILENIZADO
El Perú tiene 25 regiones (incluido el puerto del Callao) de las cuales una se denomina ANCASH… desde el 28 de Febrero de 1839, según Decreto Supremo suscrito por Agustín Gamarra, en conmemoración “al triunfo del Ejército Restaurador” a orillas del arroyo de dicho nombre.

Aquel combate –referido en la historia con el apelativo de “batalla de Yungay”- enfrentó al Ejército de la Confederación Peruano-Boliviana al mando del Mariscal Andrés de Santacruz Calahumana, mestizo de estirpe aymara, con el Ejército Chileno Restaurador al mando del Gral. Manuel Bulnes, en cuyo Estado Mayor figuraban algunos generales criollos (peruanos), uno de ellos al mando de la caballería (Ramón Castilla). Por supuesto, Gamarra –una vez retirados los chilenos del Perú- asumiría la presidencia del Perú.

Se puede decir, por consiguiente, que el bautizo “Ancash” a la antigua provincia (las actuales regiones, antes se llamaban “departamentos”, mucho antes “provincias” y más antiguamente “repartimientos”), de Huaylas, patronímico heredado de la época incaica y preincaica, obedece a la inaudita conmemoración de un triunfo chileno en el Perú. Algo tan grotesco como que, por ejemplo, la actual región Moquegua adopte el nombre de “Los Angeles” en conmemoración de la batalla aquella en que –en Mayo de 1880- fue batida una División peruana por todo el grueso del Ejército Chileno desembarcado en Ilo.

Son éstas algunas de las muchas paradojas de la falsificada historia del Perú escrita con pluma quintacolumnista criolla.

INVASIONES PRE-1879
Sépase que antes de la invasión de 1879, ya habían ocurrido dos anteriores: las guerras contra la Confederación Peruano-Boliviana (1836-1839), que fuera atacada por Argentina (desde la frontera con Bolivia) y por Chile (desembarcando la primera expedición en Islay/Arequipa). Aquella expedición, comandada por el Gral. Blanco Encalada, fue rendida por el Ejército Confederado en Paucarpata (1836), que en acto antipolítico de “generosidad” (dizque en “aras de la hermandad latinoamericana”) perdonaba al adversario dejándole retornar a Chile. La segunda expedición (en la que ya no participa Argentina, apabullada en las batallas de Humahuaca, Iruya y Montenegro), parte de Coquimbo –luego de desconocerse el Tratado de Paucarpata reforzada con tropas de refresco y con emigrados peruanos que sentaron plaza vistiendo uniforme chileno, bajo la bandera de la estrella y al mando del Gral. Bulnes. Dicha fuerza, denominada “Ejército Restaurador”, teniendo el dominio marítimo, pudo desembarcar en Ancón para de ahí prácticamente sorprender a la reducida guarnición limeña (al mando del Gral. Orbegoso), que luego de ofrecer resistencia en el encuentro de “Portada de Guía”, optó por replegarse en espera del grueso del Ejército Confederado que a marcha forzada se aproximaba desde Arequipa. Los chilenos, deciden retirarse hacia la –hasta entonces denominada “PROVINCIA DE HUAYLAS”, en cuyas serranías (Yungay/Pan de Azúcar) esperarían el choque con Santacruz, cuyo resultado adverso a la unión del Perú y el Alto Perú (Bolivia), determinaría el colapso geopolítico de esas repúblicas cuya artificial división viene a ser uno de los fundamentos portalianos de la geopolítica subcontinental de Chile.

Definitivamente, bajo un régimen etnocacerista, antichileno por antonomasia, aquella vasta, heroica y bella región, reivindicará su nombre ancestral: HUAYLAS.

   

Los inkas, mucho antes que Orellana y Pizarro, ya habían “descubierto” el Amazonas
EL GRAN APURIMAC, CAPACMAYU… O AMAZONAS


Desde perspectiva etnonacionalista, vale decir neo-tawantinsuyana, el término histórico “descubrimiento” debe resultarnos no solamente absurdo sino hasta ofensivo: descubrimiento de América por Colón, descubrimiento del Amazonas por Orellana, e inclusive de Machu Picchu por Hiram Bigham y –aún más taradamente- de Chokekirao por Eliane Karp…
O sea, que en cinco siglos aún no cesan de “descubrirnos”.
Sin embargo, refirámonos –esta vez– al “descubrimiento” específico del Amazonas, dizque por Orellana, adoptando la (i)lógica globocolonizadora eurocentrista… y constataremos un “descubrimiento” en todo caso incaico.

EL CRONISTA ESCONDIDO
A la expedición de Gonzalo Pizarro, una vez que ésta -proveniente del Qosqo- arriba a Quito, se le suma un contingente de tropas hispanas (infantería y caballería, así como otro contingente de uno o dos millares de “indios auxiliares”, antes de re-enrumbar hacia el Este: el Antisuyo. En Quito también se incorpora el fraile Gaspar de Carvajal, quien redactaría una crónica muchas veces “obviada” (por la propia investigación hispanófila) a causa de los abundantes “reconocimientos a la autoría incaica” del descubrimiento del Amazonas.

Efectivamente, en dicha crónica se refiere la sorpresa hispana al hallar que a menudo los auxiliares indios, inclusive los aukis (jefes) más allegados a Orellana (y que harían de traductores) “…hablaban a los indios de las aldeas de las márgenes del río EN LA LENGUA DEL INCA…”, y que “éstos entendían”. De ahí el testimonio akechuizante de la Amazonía (selva baja) por el Tahuantinsuyo, de lo cual sigue quedando evidencia en ambas márgenes del río Napo hasta su desembocadura en el Amazonas, en donde el recua amazónico no ha perdido la vigencia.

Más adelante, el mismo cronista Carvajal describe al suntuoso “Cacique Aparia, adorador del Sol” o al poderoso “Señor Omagua, cuyos súbditos labraban vasos esmaltados de vivos colores y dibujos”, ambos caciques “llevando las orejas horadadas, como los incas de Qosqo”.

GARCILASO TAMBIEN
Pero, no solo el cronista español Carvajal, como testigo presencial, hace estas aseveraciones del gran río incaico, si no también Garcilaso:
“…Este río Apurimac (que es el tributario más extremo del Ucayali, que a su vez, conforma el Amazonas – N. de R.) corre del medio día al norte más de quinientas leguas que hay por tierra desde su nacimiento hasta la Equinoccial. De allí revuelve al oriente y corre casi debajo de la Equinoccial (línea ecuatorial – N. de R.) otras seiscientas leguas y cincuenta leguas medidas por derecho hasta que entra en el mar (Océano Atlántico – N. de R.)…”.

Sépase que, no obstante que Orellana ya había recorrido el Amazonas ( traicionando a Gonzalo Pizarro ) hasta desembocar en el Atlántico, antes que Garcilaso escribiera sus comentarios, es consensual que para los incas el gran “ Gran Río” lo constituían unísonamente el Apurimac – Ucayali – Amazonas. No en balde se tiene el apelativo “APU – RIMAC”, o “gran señor que habla”, también denominado “ señor de los ríos” CAPAC MAYU. Garcilaso, tajantemente, denomina Apurimac al Amazonas, inclusive –por informaciones ridículas de sus corraciales– “y que el nacimiento del Ucayali quedaba” …a quince leguas (en aquel tiempo la legua equivalía a 12 Km - N. de R.) al poniente del Qosqo…”, lo que en línea recta, es muy aproximado geográficamente .

ILLATOPA
Pero ya nos hemos ocupado de Gonzalo Pizarro, de su expedición que parte de Qosqo y de su ingreso por “muy al norte” (desde Quito) hasta las cabeceras de río Napo para de allí llegar al Amazonas, puse urge resondre la pregunta elemental: ¿por qué Gonzalo recorre casi dos mil kilómetros (inclusive pasando por Lima), en vez de haber emrumbado directamente hacia el Este desde Qosqo mismo, quizás hasta “descubriendo Machupiccho”?

El causal es histórico. Todo el Antisuyo, desde el oriente cuaqueño hasta el Apurímac, Ene y Huallaga selvático, estaban aun alzados en armas en función a la resistencia etnonacionalista de los INKAS DE VILCABAMBA (Manco Inca). Inclusive en la crónica de Carvajal se hace mención que Gonzalo Pizarro pretendió al Antisuyo por el Huallaga huanuqueño, pero fue rechazado por los indios alzados: “…los indios lo cercaron a sus tropas en Guánoco…” que –estimamos– serían los alzados con cierto lugarteniente de Manco Inca, llamado Illatopa, quien mantuvo la resistencia etnonacionalista hasta mediados del s. XVI (inclusive había participado en el cerco de Lima durante la gran rebelión ). No le quedaba, pues , a los españoles otra posibilidad que seguir hacia el norte (hasta Quito) para poder, reenrumbar hacia las montañas del Antisuyo de ahí desender hacia la jungla amazónica y, según ellos “descubrir” el GRAN APURIMAC , rebautizándolo como “Amazonas” en referencia a las mujeres soldados de cierta leyenda helénica, en la lejanísima Eurasia.