El (etno) nacionalismo blanco (solo ario) de hemisferio desarrollado, al tornarse –más allá de sus fronteras- en imperialismo… no puede compararse con el etnonacionalismo “de color” subdesarrollado, liberador (y revolucionario) por antonomasia
II GUERRA MUNDIAL: BANQUEROS HEBREOS, RESERVISTAS GERMANOS Y ALIANZA CAPITALISTA-SOVIETICA


A 70 años del estallido de la II Guerra Mundial (“mundial” según visión eurocentrista, pues el hemisferio “de color” subdesarrollado –a excepción de China en su lucha contra Japón, no solo NO PARTICIPAMOS, sino que nos beneficiamos de la sangria inter-potencias blancas opresoras y/o explotadoras), ofrecemos este informe etnocacerista, en el cual consideramos justo, ante tanta “versión de parte” norteamericana-hebrea (que nos ahoga de santísimas películas de “combates” y “holocaustos”), referir el enfoque alemán. Nos percataremos, entonces, de la colosal satanización hacia un III Reich que, más allá de proclamar abiertamente análogo racismo del que profesan hipócritonamente las otras potencias europeas, EEUU e Israel… se enfrentó a la plutocracia global sionista que –a su vez- reaccionó con la “milagrosa” alianza capitalista-soviética contra el nacional-socialismo germano.


(ETNO)NACIONALISMO VS. (INTER)NACIONALISMO
Los pilares básicos de la política exterior nacional-socialista, si se hace un examen acucioso, ya son revelados –desde 1923– por Adolfo Hitler en su obra “Mi Lucha”, que se torna Política Oficial de Estado desde 1934:
La Alemania nazi se declara enemiga de la doctrina marxista materializada en el bolchevismo soviético.

Contra el marxismo presenta la doctrina nacional-socialista contraria a la internacionalización del proletariado, enfatizando el sentimiento de patria y nacionalidad, ésta última teniendo como dínamo impulsor la raza.

Alemania desiste de la vieja tendencia de expandirse a costa de Occidente. No pretende entrar en pugna con los imperios británico ni francés, disputándoles sus espacios ultramarinos (colonias). Su crecimiento en pos de espacio vital se efectuará continentalmente hacia el Oriente, a costa de la URSS.

Es necesario precisar que para el nazismo la noción de “socialismo” difería de la acepción marxista. Se la rescataba en su antigua referencia de buscar el “bien común” (comunidad de clases sociales), en única y principal instancia dentro de la nación, combatiendo los 3 caracteres elementales del marxismo: la lucha de clases, la supresión de la propiedad privada y la transnacionalización revolucionaria (COMINTERN).

En cuanto a la actitud geopolítica del nacional-socialismo germano frente a las potencias occidentales, se proponía “zonas de influencia” para cada potencia: Alemania no interferiría los intereses de EEUU en América Latina (su exclusivo “patio trasero”), ni los de Inglaterra y Francia en sus respectivos imperios coloniales, pero –eso sí- exigía “manos libres” para aniquilar a la URSS y expandirse a costa de ella.

CUE$TION JUDIA
Sería la “cuestión judía” lo que interferiría y trastocaría las premisas básicas de la política exterior nacional-socialista, al grado de determinar que las potencias occidentales entrasen en guerra con Alemania antes que ésta se lanzase contra el Ejército Rojo.

Efectivamente, tal como se refiere en la obra “Hitler y el Nazismo” (Carlos Roel), ya en 1933, seis años antes que estallase la guerra, la Federación Mundial Económica Judía, en Congreso efectuado en New York y teniendo como invitado al presidente Roosevelt, prácticamente proclamaba la “Guerra Santa” contra Alemania, proponiendo el boicot total. Y es que más allá de la expropiación estatal de la banca hebrea y demás negociados que –además de haber expoliado la arruinada República de Weimar– hegemonizaban la economía alemana, lo que exasperó al Sionismo fue el inaudito planteamiento económico hitlerista, herejemente antimonetario:
“…La Judería se alarmó, pues siendo el acaparamiento del oro y el dominio de la banca sus medios de hegemonía mundial, significaba un grave peligro el triunfo de un Estado (el III Reich) que se la podía pasar ‘sin oro’, y –peor aún- desvincularse soberanamente de los organismos financieros internacionales de la red global israelí, ya que muchos otros estados se apresurarían en imitarla. Había, pues, que aniquilar a la Alemania Nazi, a cuyo lado el marxismo stalinista resultaba un peligro de muy segundo orden. Debíase, por consiguiente, bombardear de sicosociales de prensa, radio y cine, exagerando colosalmente toda medida soberana del Estado alemán denostándolo como ‘antisemitismo flagrante’ contra el pueblo elegido de Dios… ”.

IMPERIO (DES)INFORMATIVO
Es así que sobre la opinión pública mundial, digitada por la red de (des)informativos globales, se fabricó una serie de falacias especificadas en 4 puntos:
Opacar la evidencia que Alemania marcharía contra la URSS.
(Así propiciaron que Occidente luchara previamente –Francia e Inglaterra- haciendo de “escudo” de la URSS).

Crear y generalizar la idea que la pugna entre el nacional-socialismo alemán y la plutocracia hebreo-alemana (la “doble nacionalidad” es un recurso burocrático/ político-económico inaugurado por los mercaderes hebreos desde la antigüedad romana) era un trastorno o “patología antisemita” de Hitler, sin más fundamento que la aversión irracional contra determinado conglomerado religioso. (Así se ocultaba el hecho que era el Sionismo Internacional, de hegemónica preponderancia político-económica global, el que se sentía amenazado).

Visualizar al III Reich como una potencia expansiva y agresora sobre sus “pacíficos” vecinos. (Así se ocultaba que Alemania simplemente reivindicaba y recuperaba sus antiguos territorios y poblaciones desmembradas al término de la I Guerra Mundial: El Sarre, Austria, los Sudetes, Prusia Oriental y Dantzing, y que asimismo ni contaba con colonias ultramarinas).

Deformar el ego-colectivo del etnonacionalismo germano, naturalmente enaltecedor de la raza original (en su caso aria), como si fuese el perfil “más monstruoso” de un Estado Racial en particular anti-hebreo. (No obstante que el Sionismo hebreo, inspirado en la doctrina religioso-política del “pueblo elegido”, constituye el más claro ejemplo de etnocentrismo y racismo cultural en la historia de la humanidad; asimismo, se obviaban los “racismos genocidas” efectuados por la etnia anglosajona en el Far Wet con la desaparición del piel roja norteamericano, o por la etnia hispano-latina con la “Despoblación de las Indias”, etc. Se puede decir que el “horrible pecado nazi” fue tratar al judaísmo-hebreo de la misma forma como la raza blanca, en sus más distintas variedades [sajones, germanos, latinos, esclavos, semitas-hebreos, francos, etc] han tratado a lo largo de la historia al resto de razas “de color” no blanco: negros, amarillos y cobrizos.

LOS REICH’S
Al referir a la Alemania Nazi, aludímos al llamado “III Reich” (el I Reich o “Primer Imperio - alemán” se origina en el 962 d.C. con el Sacro Imperio Romano-Germánico de Otón I; a su vez, el II Reich, luego de la reconstitución de la unidad nacional alemana dirigida por el canciller Bismark, se materializa con la victoria sobre Francia en 1870 hasta su extinción en la post I Guerra Mundial, (con la llamada República de Weimar).

Un III Reich instaurado por el canciller nacional-socialista (nombrado en 1933) Adolfo Hitler, luego de asumir el mando supremo de Alemania, en 1934, a la muerte del presidente Paul Von Hindemburg. Este “Tercer Imperio” surge de la coyuntura de post guerra (Primera Guerra Mundial) que marcó la derrota, ocupación extranjera y mutilación territorial de Alemania, además de la respectiva megacrisis económica y moral.

DRAMATICA COYUNTURA
Para entender la política exterior del III Reich, se hacen, pues, indispensable conocer lo elemental de su situación interna, así como la coyuntura continental-europea imperante:

Consolidación política del Estado Soviético (URSS) de cuyo Soviet Supremo (presidido por Stalin) se dirigía el COMINTERN, vale decir la Central Mundial de todos los partidos comunistas distribuidos por el planeta.

El desarrollo creciente del Partido Comunista Alemán, dependiente del COMINTERN, así como el de otra organización afín, la Social-Democracia (en aquella época de prevaleciente inclinación marxista), a las cuales la veteranía del disminuído Ejército Alemán atribuía la derrota nacional por su labor “quintacolumnista y/o traidora” al haber organizado, en pleno conflicto, los sindicatos de obreros y de soldados en la retaguardia. Huelga referir que el grueso de la militancia del emergente partido nacional-socialista (nazi) provendría de los reservistas de todos los estamentos castrenses que se habían batido en la Primera Guerra Mundial.

La crisis capitalista mundial que si en EEUU de NA se manifestó con la “gran depresión” derivada del crack de la bolsa de New York en 1929, en la Alemania devastada de la posguerra llegó a espantosos índices de desocupación e inflación (en donde era “normal” ir con carretillas cargadas de papeles semiinservibles –billetes- para hacer compras al mercado), a consecuencia de una política económica impuesta por la banca internacional controlada por intereses judeo-hebreos premunidos de la doble nacionalidad para exclusivos fines de “gestión” financiera.

El copamiento de los altos mandos soviéticos por una dirigencia de estirpe hebrea (Lenin, Trotsky, Stalin, Kamenev, Bujarín, Zinoviev, etc.), que según perspectiva nazi eran la “faceta político-internacionalista” del capital internacional judío (que mediante la consigna global “proletarios de todo el mundo, uníos” en pro de la revolución mundial, buscaba destruir todo Estado Nacional cuyo gobierno obstaculizase el interés sionista).

La llegada de los “Frentes Populares” de inspiración marxista al poder en Francia (León Blum) y España (Manuel Azaña), así como del ultranacionalista (fascista) en Italia con Mussolini.

HEREJIA ECONOMICA
Dentro de estos puntos coyunturales, es elemental destacar la colisión entre la política económica nacional-socialista, diríase de tipo “física”, y el modus operandi especulativo (economía “virtual”) de la banca internacional sustentado en el principio falaz de que “el capital genera el trabajo” (cuando la visión de “economía-física” nazi era contraria: “el trabajo genera el capital”). Dicha economía-física, que había materializado un franco “milagro alemán”, acabó con todo desempleo y subempleo en medio de la gran crisis que agobiaba al resto del mundo desarrollado… Lo cual resultaba una herejía para los consorcios capitalistas globales –como ya referimos- en mayor proporción israelita. Se hacía, pues, indispensable arrasar con el Régimen Nazi, para lo cual urgía una campaña mundial de calumnia y desprestigio de la que se encargaría todo el aparato de prensa y cine internacional, también bajo égida israelí: New York World (Adolph Oachs), New York Times (Joseph Pulitzer), Metro Godwyn Mayer (Marcos Loew), Twenty Century Fox (William Poley), Radio Corporation of American (David Sarnoff), etc.

Le era, por consiguiente, cuestión de vida o muerte, a la plutocracia mundial hebrea aplastar mediante la carne de cañón de millones de tropas occidentales y soviéticas los postulados hitleristas de tipo político-económico. Baste, sino, escuchar al cabo-hereje (Hitler):
“…Estoy convencido que el oro se ha vuelto un medio de opresión de los pueblos. Y a los alemanes no nos importa carecer de él, pues tenemos en cambio la fuerza productiva del pueblo. Sépase que en los países capitalistas el pueblo existe para la economía y la economía para el capital. Pero, entre nosotros ocurre al revés: el capital existe para la economía y la economía para el pueblo. Hoy nos reímos de esa época en que nuestros asustados economistas pensaban que el valor de una moneda se encuentra determinado por las existencias de oro y divisas depositadas en las cajas de los bancos y, sobre todo, que el valor se encontraba garantizado por éstas. En lugar de tal aberración tan difundida por los economistas adictos al parecer de los financistas hebreos, hemos aprendido a conocer y demostrar que el valor de toda moneda reside en la energía de producción de un pueblo…” (discurso de Hitler en 1939/Dusseldorf).

El choque entre las etnias blancas, todas globocolonizadoras del resto de etnoculturas “de color” no blancas, era inevitable… lo cual la historia mundial eurocentrista cataloga como “guerra mundial”.

LOS SEIS FRENTES:
Tan fundamentalista política exterior nacional-socialista: revolucionaria en lo económico, autonomista en lo político y etnocentrista en lo cultural, desde el momento que colisionaba con los intereses de la plutocracia transnacional hebrea-judía, enquistada socio-políticamente en las más altas esferas gubernamentales de las potencias occidentales (en donde lógicamente se incluye EEUU de NA), así como de la URSS (es harto conocido que la alta y mediana dirigencia bolchevique que estaba copada por elementos de estirpe hebrea), solo podía estimular un “frente común” soviético-occidental que, deponiendo su mutuo antagonismo doctrinal (que recién en la postguerra derivaría en la llamada “Guerra Fría”), terminaría declarándole la guerra al III Reich (fueron Francia e Inglaterra las que declararon la guerra a Alemania y no al revés).

Es así que, para 1942, las FFAA alemanas tendrían que batirse en 6 frentes simultáneos (aquello del “segundo frente” aperturado en Normandía es una falacia, pues de hecho existían más):

Frente Ruso, que absorbía la mayor parte (180 divisiones) del Ejército alemán y la mitad de su fuerza aérea (Luftwaffe).

Frente nor-occidental, parcialmente activo, que absorbía en Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica y Francia, 43 divisiones alemanas y un tercio de la Luftwaffe.

Frente balcánico, que absorbía 20 divisiones para hacer frente a la guerrilla comunista y, más al sur, mantener la ocupación de Grecia y Creta de donde acababan de ser expulsados los ingleses.

Frente de Noráfrica e Italia, en donde 22 divisiones alemanas se batían contra fuerzas anglonorteamericanas.

Frente aéreo de Alemania, que absorbía a más de 2 millones de tropas para la defensa aérea ante los bombardeos anglonorteamericanos.

Frente marítimo, que absorbía a toda la Armada, cuya fuerza submarina destacó en heroísmo y operatividad, manteniendo a raya a la Real Armada británica (que la triplicaba en tonelaje y unidades de combate).

“MI DEBER…”
Luego de casi 7 años de lucha incesante, el potencial germano, agotado en recursos materiales y humanos, terminaría –ante fuerzas aliadas que lo duplicaban (y en ciertos sectores triplicaban) en potencia bélica– rebasado por todas sus fronteras, con la inexorable caída –en batalla- de Berlín y el suicidio de Hitler.

Como epitafio del holocausto alemán, cabe citar las palabras finales de Rudolf Hess, uno de los principales lugartenientes del “Führer” en su alegato final en el juicio de Nüremberg:
“…Tuve el privilegio de trabajar durante muchos años bajo la dirección del hijo más grande que el pueblo alemán ha engendrado en el trascurso de su milenaria historia. Aún si pudiera, no olvidaría ese período de mi vida. Estoy contento de mi deber como alemán, de haber cumplido mi deber ante mi pueblo como nacional-socialista y fiel partidario de Adolph Hitler. Si tuviera que iniciarme nuevamente actuaría precisamente en la misma forma, aún sabiendo que mi fin sería ser quemado en la pira. Siento, pues, la mayor indiferencia por las decisiones de los hombres; algún día compareceré ante el Eterno para rendirle cuentas y sé que él me perdonará…”.